DINÁMICA DEL AGUA EN EL SUELO


Suelo saturado y no saturado de agua

EDe las tres fases del suelo – sólida, líquida y gaseosa – las dos últimas son complementarias, o sea, la máxima presencia de una implica en la ausencia de la otra. Siempre la porción del espacio poroso no ocupado por la fase líquida será complementada por la fase gaseosa. Por lo tanto, la fase líquida puede estar presente en los poros del suelo completa o parcialmente. En el primer caso, el suelo es denominado saturado y, en el segundo, no saturado. De modo general, los suelos se encuentran no saturados de agua, pero así mismo almacenan considerable cantidad de este elemento, parte de la cual debe ser utilizada por las plantas. Los procesos dinámicos del agua en suelos no saturados hacen parte de los estudios del ciclo hidrológico y de problemas relacionados con irrigación, ecología de plantas, y con la biología de la fauna y flora del suelo. Procesos específicos de gran interés e importancia incluyen infiltración, redistribución y evaporación del agua por los suelos.
Infiltración del agua en el suelo
Es el proceso por el cual el agua penetra en el suelo. La tasa en la cual el agua penetra en el suelo es variable con el tiempo. Ella inicia con tasas altas y progresivamente disminuye hasta alcanzar valores constantes. Las fuerzas responsables por ese movimiento son la gravitacional y la mátrica, esa última originada en los meniscos cóncavos resultantes de la interacción entre las fases sólida, líquida y gaseosa (fuerzas de adsorción, cohesión y tensión superficial). Cuando el suelo se encuentra relativamente seco en el inicio de la infiltración, las fuerzas mátricas dominan el proceso y, por eso, las tasas de infiltración son altas. Con el pasar del tiempo, esas fuerzas se van anulando y la fuerza gravitacional pasa a ser la principal responsable por ese movimiento. El conocimiento de ese proceso es particularmente importante en estudios de irrigación, conservación del suelo y del agua, etc.
Redistribución del agua del suelo
El proceso de la redistribución o drenaje interno tiene inicio cuando cesada la infiltración del agua de lluvia o irrigación. Por lo tanto, el tiempo final de la infiltración es el tiempo cero de la redistribución. En el inicio de ese proceso, la fuerza gravitacional es la principal responsable por las alteraciones ocurrentes, y la humedad en las proximidades de la superficie del suelo es la que más rápidamente decrecerá, si el suelo presentare buenas condiciones para el drenaje libre. Tanto la tasa de flujo descendente como la humedad serán progresivamente disminuidas con el tiempo, hasta cuando esas variaciones se tornasen tan pequeñas como despreciables. En esas condiciones, se acostumbra decir que el exceso de agua fue drenado y el suelo alcanzó su condición de capacidad de campo, lo que puede tomar horas, días o semanas (la presencia de camadas restrictivas hace con que aumente ese tiempo). La capacidad de campo ha sido asumida como el limite superior de disponibilidad a las plantas y, por eso, adquirió gran importancia, particularmente en la ingeniería de la irrigación.
Evaporación del agua del suelo
La pérdida de agua del suelo por ese proceso se constituye en un importante parámetro en el ciclo hidrológico, pudiendo alcanzar el 50%, o más, de la cantidad evapotranspirada. Sin embargo, la evaporación que ocurre en la superficie del suelo es indeseable, desde el punto de vista agrícola, porque ella no participa directamente del ciclo de las plantas, siendo algunas veces llamada de evaporación no productiva. Cerca del 25% del territorio brasileño ofrece condiciones reconocidamente favorables al desarrollo de la agricultura, pero presentan problemas bien definidos con respecto a las reservas hídricas. El conocimiento de los factores que determinan la evaporación del agua de los suelos permite la adopción de técnicas que objetivan controlarla, posibilitando la conservación del agua almacenada para uso de las plantas. La evaporación del agua de un suelo desnudo, por ejemplo, pasa por tres etapas distintas: en la primera, cuando la humedad del suelo fuera suficientemente alta y la superficie del suelo fuera expuesta a condiciones constantes de radiación, humedad del aire, viento y temperatura, la evaporación se caracteriza por una pérdida constante y únicamente dependiente de las condiciones meteorológicas. Esa etapa termina cuando se establece una resistencia al flujo del agua en la superficie del suelo y la velocidad de evaporación decrece. Ya en esa segunda etapa, la evaporación decrece con la disminución de la humedad en la superficie del suelo y las condiciones reinantes no son más importantes porque el proceso es gobernado por las propiedades hidráulicas en las proximidades de la superficie del suelo. Cuanto más seca y más espesa la camada, menor la tasa de evaporación. Y el espesor de la camada seca es determinado por la tasa en la cual el flujo de agua de las camadas subyacentes puede alcanzar la superficie de secamiento. Si el abastecimiento de agua fuera muy lento, la camada superficial de secamiento aumenta, causando un aumento en la resistencia al flujo. La tercera etapa de la evaporación es algunas veces identificada cuando la tasa de disminución de la evaporación con el tiempo se torna aún más baja. Esa etapa se caracteriza por un movimiento bastante lento del agua en el suelo, decurrente de la adsorción de agua por las partículas sólidas.

Un adecuado manejo del agua del suelo permite producir más y mejor.
Delante de lo expuesto, es fácil admitir la posibilidad de producir más y con mejor calidad, si hubiera atención con la calidad física de los suelos, promoviéndose condiciones para un adecuado manejo del agua, ya que ella es uno de los cinco factores esenciales en la producción de cualquier especie vegetal.